ExposicionesRevista nº7

El arte del aguafuerte y el dibujo bajo el prisma de Valentín Kovatchev

DURANTE EL PRIMER TRIMESTRE DEL AÑO SE HA MOSTRADO EN LA SALA MURILLO DE LA FUNDACIÓN CAJASOL LA MUESTRA ‘MÍSTICA’ CON OBRAS DEL ARTISTA BÚLGARO. EL AUTOR NOS CUENTA EN LA REVISTA FUNDACIÓN CÓMO CRECIÓ CON LA CULTURA DE COMPAÑERO, ASÍ COMO LA IDEA QUE TIENE SOBRE ESTA.

Hablar de Valentín Kovatchev es hacerlo de un artista único. Búlgaro de nacimiento, pero malagueño de adopción, el protagonista se ha ganado su reputación al buscar con la técnica del aguafuerte, sus iconos o los dibujos a lápiz y color ser referente en el arte moderno. Gracias a la aportación de la Embajada de la República de Bulgaria en España, así como del Consulado en Andalucía, ha sido posible que ‘Mística’ haya sido una exposición referente en la Fundación Cajasol.

Un total de 147 piezas entre grabados, dibujos, pinturas y esculturas han formado parte de esta muestra, que tiene como objetivo la búsqueda de la belleza. Tal y como dice el propio Kovatchev, en los últimos años su trabajo se ha basado en encontrar el significado artístico de este término el cual “creamos los seres humanos para determinar algo que admiramos”.

Entre sus creaciones se pueden admirar grabados en aguafuerte, una técnica que consiste en pintar con una aguja sobre una plancha de zinc o cobre, a la que antes se le ha dado una capa de barniz, y que después recibe varios ‘lavados’ de una mezcla entre agua y ácido nítrico. Kovatchev revolucionó esta técnica modificando los porcentajes de estos elementos en los lavados, hasta conseguir un efecto hasta el momento nunca visto. De ahí que creara un arte innovador. “Me especialicé en esta técnica ya que es la opción que más te deja profundizar en el grabado. Muchas veces creo en mis grabados un espacio dentro del cuerpo, porque me gusta profundizar y ver lo que hay detrás, y dibujarlo”, destaca el artista.

¿Y de dónde procede este gusto por el aguafuerte? El búlgaro nació en la capital, Sofía, y con poca edad comenzó a dibujar, sorprendiendo a propios y extraños de su virtuosidad con su primer decenio recién cumplido. “Este bagaje viene de cuando yo era niño. Cuando tenía 10 años hacía dibujos en forma de retratos. Por ejemplo, de Lenin o del escritor Gorki. La gente se sorprendía de lo que hacía por el realismo que lograba”, cuenta.

«CREO QUE MI TRABAJO DE GRABADO Y PINTURA, ES COMO HACER UN PUENTE ENTRE LOS GRANDES MAESTROS Y LA PINTURA MODERNA» Valentín Kovatchev

Con el paso del tiempo supo que quería dedicarse al arte, y de ahí pasó a estudiar el Bachillerato artístico, que era el preludio a la Facultad de Bellas Artes de Sofía. Tras varias aventuras, como su paso por el servicio militar en plena Guerra Fría o la posibilidad de estudiar en Praga la especialidad del manejo del cristal, terminó en su ciudad natal estudiando la especialidad de Grabado. “El grabado da mucha disciplina, mucha precisión de dibujo, y este es la base de todo artista (…) Los grandes artistas, incluso en el siglo XX, como Picasso o Dalí eran fantásticos dibujantes, incluso antes de hacer obras más abstractas”, asevera en todo momento.

Kovatchev destaca que, aunque ha evolucionado su forma de hacer arte, sus referentes han sido siempre los mismos. “Mis referentes han sido los tres grandes; Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael. Aunque también me he nutrido de los españoles Velázquez o Zurbarán”.

Nos explica que su arte es moderno, pero piensa que la crítica no valora como debe su trabajo por tener ciertas reminiscencias a grandes artistas del pasado. “Creo que mi trabajo de grabado y pintura, es como hacer un puente entre los grandes maestros y la pintura moderna. Es importante no cortar las raíces de donde procede el arte (…) Siempre quería basarme en los grandes. Como muchos otros artistas serios. Aprendemos de los grandes. Es como si aprendes física, ignorando la física cuántica de Einstein. Es lo mismo”, explica.

Durante su carrera ha logrado numerosos premios y condecoraciones, siendo una de las que más ilusión le hace, la Medalla Goya de Plata de la X Bienal Iberoamericana de Arte que se celebró en 1996 en Ciudad de México; o su nombramiento como académico en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en 1995.

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