CulturaRevista nº9

Ida Vitale

Antes de su aparición en el XVI Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, la uruguaya Ida Vitale se reúne conmigo en una de las salas de la sede de la Fundación Cajasol en Sevilla. A sus 96 años, su forma de hablar transmite conocimiento y sus ojos muestran que son muchas las historias que ha vivido a lo largo de los años. Es una de las personalidades más importantes de la cita sobre la lengua y literatura, y ella valora positivamente lo que el Congreso supone a nivel cultural destacando “sobre todo la elección de las personas que vienen a dar conferencias”.

LA POETA REMARCA QUE EN SUDAMÉRICA ES COMPLICADO QUE AHORA HAYA EL MISMO NÚMERO DE EDITORIALES

A veces tímida y a veces contundente con las respuestas, le pregunto a la poeta sobre la evolución que está siguiendo la lengua española. Ella incide en la idea de evolución, pero siempre desde el punto de vista de la mezcla entre las diferentes culturas. “Nadie tiene tan breves márgenes, mientras la humanidad exista, imagino que habrá evolución en la lengua, y mezcla. Creo que toda evolución a la larga es positiva”. No obstante, Vitale remarca que la llegada del inglés puede hacer que el cambio no sea tan lento. “A veces leo los diarios, y digo ‘¿Qué necesidad hay en escribir todo en inglés?’ Porque hay una cantidad increíble de palabras que se podrían traducir, pero para el periodista es más cómodo poner aquello como vino escrito, y no hacer el esfuerzo de traducirlo”.

Del mismo modo, Ida me comenta algunas de las historias de su juventud con el ‘Cantar de Mio Cid’ como protagonista. Durante el Congreso ASALE se ha recitado en varios encuentros parte de esta obra maestra, y ella al escucharlo en uno de ellos, le ha devuelto a la escuela. “Es muy gracioso, El Cid es una cosa que en Montevideo estudié en el liceo y el actor que lo recitaba, le ponía mucho énfasis y se le entendía muy bien. Yo empecé a darme cuenta que me acordaba de todo el comienzo”, narraba. Continuaba su historia contando que una de sus compañeras de la escuela se quejaba de tener que aprenderlo de memoria, y ella le respondía “es que hay versos que se te quedan, sobre todo del comienzo”.

Prosigue nuestra conversación, y le comento a nuestra protagonista si la mezcla de la lengua española y el inglés no es un error. Vitale me responde que “hay lenguas que ganan con el contagio, pero hay otras que no”, y entre risas finaliza señalando que no se puede hacer nada para combatirlo, ya que “la mera vulgarización de las cosas no implica una mejora”. Sin embargo, la escritora me subraya que “cada uno saca lo que quiere de la fusión, y deja lo que no le sirve” en un mundo en el que cada vez la difusión de contenido es mayor.

Tras ello, el diálogo gira sobre los autores sudamericanos, y la falta de conocimiento de los mismos fuera de sus países. La uruguaya me explica cómo es posible que a un autor se le conozca dependiendo de la ciudad en la que esté o en el círculo en el que viva. “A uno le preguntan por un poeta dominicano o ecuatoriano, y hay que pensárselo. Bueno, por que la cosa va por círculos. En Montevideo estamos más cerca de Buenos Aires, en cambio Paraguay es un misterio”. Tras ello señala a dos autores, el paraguayo Augusto Roa Bastos, y el uruguayo Francisco Espínola. Del primero me comenta que si se le reconoce más que a otros es por que vivió en Argentina, lugar importante para la literatura en Sudamérica. Del segundo, incide en su escritura “gauchesca”, el purismo de su escritura, y que no tuvo el reconocimiento que merecía. “En parte, era culpa de él, se expresaba más de forma oral que por escrito, pero tiene unas historias de Don Juan El Zorro, que es un tema que ni siquiera es uruguayo, es universal. Pero sus historias se contaban más como cuentos o leyendas, que por sus lecturas. Ni siquiera llegó a terminar una edición completa de estas”, afirmaba sobre Espínola.

RECUERDOS Y REALIDAD LITERARIA

Siguiendo con la entrevista, le pregunto a Ida Vitale sobre cuál es el mayor reconocimiento hacia un autor. Ella, rápida y entre risas, me dice claramente “que se le lea”. No obstante, señala que hay que contar con la presencia de las editoriales que, además de estar presentes en el país de cada autor, deben enamorarse de tus obras. La poeta remarca que en Sudamérica es complicado que ahora haya el mismo número de editoriales o librerías que había antes, y que, si no fuera por el trabajo de las editoriales españolas, muchos artistas sudamericanos no podrían sacar sus libros. “Los medios alejan a las personas de la lectura directa”. En cuanto a su futuro, Ida Vitale me confiesa que, si la vida la respeta, tiene una novela que podría ver la luz pronto. “Si es que me da la vida, tengo una novela, que está archivada, que por lo menos hace quince años que no sé dónde está. Pero me faltan cinco o seis páginas para el cierre. Como no es lo mío, estoy desconfiada”, relata la escritora.

Tras esto, Vitale comienza a recordar algunos momentos de su vida. Me cuenta cómo salió de Uruguay tras el Golpe de Estado de 1973, y que su vida ha sido un ir y venir de diferentes ciudades. Situaciones personales o el trabajo le han hecho moverse en lo que para ella ha sido “una vida un poco complicada”. “Yo me fui de Montevideo en el 73 con los militares. Estuvimos como diez años en México, después volvimos a Montevideo. Allí nombraron a mi marido, Enrique Fierro, director de la Biblioteca Nacional, que era un viaje de arena gruesa, como se dice en mi país. Después de lo militares, todo queda revuelto. (…) De allí nos invitaron a Estados Unidos, y estuvimos 25 años, donde él daba clase y yo seguía con lo mío”.

De México tiene un recuerdo excepcional. Lo categoriza de país “de generosidad enorme”, que siempre ha ayudado “a los americanos que iban de un país a otro, teniendo problemas”. Del mismo modo, destaca que este tipo de situaciones hace que se beneficien culturalmente “tanto al que recibe como al que da, porque se ‘remueve’ todo”.

En la última parte de nuestra conversación, y entre
todas las anécdotas que me cuenta, me señala la viveza de Ricardo Lacha, al que llama profesor de profesores. “Era un personaje muy curioso. Por un lado, era muy imponente: alto, mayor, pero un encanto de persona. Nos vinculaba a cada rato. Venía a traer siempre libros de autores chilenos (…) Parece increíble que una persona pudiera hacer tanto para vincular a Uruguay y Chile. Él me los traía a mí porque sabía que escribía, y se los podía llevar a otras personas también. De esa manera, terminé conociendo bien a los chilenos, que era lo que le interesaba”, narraba.

Una enriquecedora conversación que me sirvió para conocer algo más sobre Ida Vitale, escritora de referencia en la literatura a nivel mundial. Formó parte de la Generación del 45 en su país, pero por su conocimiento y su obra, puede ser definida como una de las mejores escritoras de lengua española.

IDA VITALE CONFIESA QUE, SI LA VIDA LA RESPETA, TIENE UNA NOVELA QUE PODRÍA VER LA LUZ PRONTO

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